Isla Negra!.





​Llegaba hasta mí

el aliento del Pacífico,   ese océano 

 intenso, envolvente,

casi nauseabundo

cuando el verano austral te golpea el pecho.

Respiraba a trompicones

—aún fumaba—,

pero sentía que bebía el mismo aire que Él.


​Mis dedos rozaron 

las hendiduras de las letras,

dibujando su nombre

en la vieja madera:

Miguel... Hernández....


​Y una lágrima, salada como el océano 

rodó por mis mejillas.


​Después, sentada junto a su barca,

escuchando el titilar de las campanas

que el viento hacía tañer como un aviso,

miré al mar y le rogué,

que trajera para mí,

entre la espuma y el olvido,

un viejo y bello


Mascarón de Proa.




Comentarios

  1. La felicidad es la simple armonía entre una persona y la vida que lleva. ALBERT CAMÚS
    Gracias Poeta

    Besotes

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